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El infierno grita en las urgencias hospitalarias.

Ir a Urgencias nunca es plato de buen gusto, y más últimamente, que entre recortes e intentos de chapa y pintura (como ha sido el caso de Urgencias del CHUAC de A Coruña, donde han inaugurado una nueva planta, más grande, más nueva y con más cosas, peeero con el mismo personal), los hospitales están totalmente saturados, y no lo digo yo, lo dice también la Defensora del Pueblo en este artículo de El Diario, y cualquier persona que haya tenido que ir por allí.

Quizás una pequeña parte se podría evitar por esas prisas que a veces tenemos por que nos atiendan ya y ahora y nos hagan las pruebas necesarias ya y ahora en vez de dentro de 2 meses. Y quizás esto a su vez se podría evitar de nuevo sin esos recortes, los recortes. Me coincidió pasar por urgencias un 31 de diciembre de noche, y aparentemente estaba vacío al menos de familiares. Pero ése ya es otro tema.

El primer contacto serio y profundo con los servicios de salud gallega, aunque traumático, merece opiniones muy positivas y una clarísima admiración por lo que en su día le dio esa buena fama a la Sanidad Pública. 8 meses de estancia entre UCI y Medulares entrando por supuesto a través de las mismas urgencias de las que voy a hablar. Pero son casos diferentes. La gravedad más grave y más urgente, la de vida o muerte, funciona de manera excelente.

Como dice el informe de la Defensora del Pueblo que podéis ver aquí, la saturación de urgencias apunta a causas como “la falta de camas libres en el centro sanitario” y de plantilla médica que trata de cubrirse mediante los médicos internos residentes, los MIR.

Mi madre tiene 65 años y una paraplejía nivel D4-D5 desde hace 3, que hace que no pueda mover ni sentir nada de pecho para abajo. Tiene sonda urinaria permanente y encima este nivel de lesión medular hace que tenga cada dos por tres neumonías (seguramente tenga la “potencia respiratoria” de un bebé), y numerosas infecciones de orina. Cada vez que toca ingresar por urgencias, que son muchas al año, alrededor de 5 veces, hay que prepararse para el infierno que toca.

“Afortunadamente” y siendo positivos, ella suele entrar en un estado infeccioso grave que hace que normalmente se encuentre muy dormida, y según creo, tenga prioridad por esta razón, así que exceptuando los momentos en los que despierta, no lo pasa conscientemente muy mal. Hay otras personas que están a lo largo de todo el tiempo de espera sufriendo y llevando terriblemente mal esas horas. Sin embargo, cuando acompaño a mi madre, que suele ser por la tarde y/o en fin de semana, ya voy mentalizada de que tocarán entre 6 y 9 horas de tensión. Entras con la ambulancia, das la información a los profesionales que te reciben, y cuando llegan celadores a pasarla de la camilla de ambulancia a la camilla de hospital tengo que hacer un recordatorio, aparentemente por precaución, de que mi madre tiene paraplejía, “no tiene movilidad de pecho para abajo”. Me miran y por si acaso, preguntan “¿no puede aguantarse de pie? ¿tampoco puede apoyar las piernas?”… No, de verdad que no puede, “paraplejía”, lo prometo, o “paralítica”, si así lo entendemos mejor. Dice también el informe que “las minorías salen mal paradas en un servicio tan masivo y de uso exhaustivo como las urgencias. Las personas con diversidad funcional encuentran trabas para ser tratados”. No tengo datos reales, pero según me dicen en las propias urgencias, deben ser muy pocos celadores para tantísima gente.

Por suerte, esta vez te acuerdas de llevar su enorme bolsa de medicinas, y te dicen con cara de alivio que menos mal, porque no cuentan en urgencias con parte de su medicación, y ya en otra ocasión se le produjo un síndrome de abstinencia por estar varios días sin algunos fármacos que generan mucha adicción química. Porque por supuesto, partimos “según un documento del Ministerio de Sanidad sobre estándares y recomendaciones en las urgencias establece que el 90% de los ingresados deben estar dados de alta o trasladados a planta en cuatro horas y, en todo caso, nunca permanecer más de 12 horas en el servicio”. Ja.

Foto de El Faro de Vigo

Foto de El Faro de Vigo

Y entonces ya me dicen que la van a mirar y que espere fuera. Así es como empieza a pasar el tiempo. Cada varias horas te dan algo de información, cada varias horas te piden que la acompañes junto con un celador a hacerse una prueba. Ves que hay muchísimos pacientes más y no hay una proporción adecuada de personal para atenderles. Para nada. Y encima, y aunque me jode tener esa sensación, porque yo he tenido 24 años y he querido que me diesen oportunidades para trabajar, te encuentras que en la mayoría de los casos, teniendo yo ahora mismo 31 años, soy mucho mayor que l@s médicos que en fin de semana están atendiendo la complejidad de pluripatología de mi madre. La Defensora del Pueblo ha constatado, en general, carencias en la dotación de plantillas. En especial en la precarización de contratos y el exceso de médicos en formación, “entre un 30-40% del personal”, calculan “que estarían supliendo en muchos momentos la insuficiencia de profesionales”. Además, “la cobertura presencial del servicio durante las tardes-noches y los fines de semana recae mayoritariamente en los médicos residentes”. Y eso asusta, por mucho que parta de que considero a estas personas muy buenas en su trabajo, pero también sé que la experiencia es la madre de las ciencias. Al final siempre resuelven de primeras la situación, pero esa tensión y la falta de personal, acaba siendo una parte más de la urgencia.

Cuando veo que ya han pasado más de 4 otras por allí, y ya poniendo un tiempo suficiente para tener en cuenta la sobrecarga de trabajo, tengo que meterme por los pasillos y si aún no la han llevado a la sala de camas de urgencias, encontrar a alguien, sin saber muy bien a quién, para avisar de que por favor le tienen que hacer cambio postural a mi madre para que encima no le salgan úlceras. En una ocasión, una doctora me dijo que era la primera interesada en que esto se hiciese bien, pero que no me lo podía garantizar porque eso era un caos. En otra ocasión, unos celadores me dijeron que eso no se hacía allí. Y el resto de ocasiones, te garantizan que lo hacen, pero claro, el personal es el que es, y lo hacen cuando llegan a esa camilla.

Más tensión todavía.

Y cuando pasan las 8 horas de espera, ya te dicen que te vayas a casa, que se va a quedar ingresada. Y pasan entonces, normalmente, un mínimo de 2 días en esa sala de urgencias de camas, donde se agolpan muchas camas en el mismo espacio, y siempre con la misma cantidad de trabajadores, hasta que queda hueco en alguna planta apropiada para ella.

Y así es como acaba pasando el tiempo en Urgencias, muchas veces aguantando el estrés del personal que intenta sobrellevar el colapso, gestionando el mío propio, y evitando pensar que este infierno será cada vez más frecuente y más complejo.

Lo de mi madre no tiene mucha solución, es un caso complicado más, y al fin y al cabo, todos sabemos que cuando ya empiezas a parecer mayor, te acabas convirtiendo para parte de los sanitarios y para parte de la sanidad, en una masa homogénea y con los mismos problemas. Pero esta situación tan grave de la Sanidad Pública y de las Urgencias como parte de ella, y que tantos problemas conlleva, podría mejorar haciendo exactamente lo opuesto a lo que continúan haciendo dirigentes a los que desearía sólo por unas horas, que viviesen en sus carnes una situación de éstas que muchos podemos contar. Y volver a contar.